La saca de Villarrobledo

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El 19 de julio de 1936 el cuartel de la Guardia Civil de Albacete se levantó en armas contra el gobierno republicano. El objetivo prioritario de los sublevados fue controlar la vía del ferrocarril que atravesaba la provincia, así como las localidades más importantes. Una vez dominada la capital provincial enviaron destacamentos de apoyo a núcleos clave: uno de ellos, nutrido por 50 guardias civiles, llegó a Villarrobledo para apoyar al falangista Jesús Ortiz y a Eduardo Portillo Romero. El día 20 de julio tomaron el Ayuntamiento, se clausuró la Casa del Pueblo y se procedió a la detención de izquierdistas. Cuatro días más tarde la Guardia Civil se retiró hacia Albacete para defenderla de la presión republicana que avanzaba desde Murcia y Alicante, quedando reducidos los sublevados a los vecinos de la localidad. Aprovechando esta situación de indefensión, en la tarde del día 25 milicianos procedentes de Socuéllamos, Campo de Criptana y de pedanías colindantes entraron en la villa para terminar de sofocar la rebelión, produciéndose enfrentamientos armados y la derrota de los sublevados.

Con la vuelta a la legalidad republicana, los izquierdistas presos fueron liberados; y quienes pasaron a ocupar sus puestos en la cárcel del ayuntamiento fueron los sublevados detenidos en la noche del 25 al 26. Dos noches más tarde se produjo la “saca de Villarrobledo”: los milicianos sacaron de la cárcel a los presos, los fusilaron en la tapia del cementerio municipal y los echaron en la fosa común conocida como “La Zanja”. Entre los asesinados había propietarios, como Pedro Acacio Sandoval y Augusto Sandoval de la Torre, labradores, comerciantes, abogados y panaderos. Cuatro de ellos fueron dados por muertos y pudieron escapar. Joaquín Acacio de la Peña fue uno de ellos, pero fue encontrado y trasladado al penal de Ocaña (Toledo) donde murió el 19 de octubre de 1936. En recuerdo de Joaquín Acacio su familia le puso su nombre a un cebadal convertido en parque, que se encuentra cedido al Ayuntamiento de Villarrobledo. En él existe un monumento que recuerda a las 136 víctimas de la violencia republicana entre julio y octubre de 1936. Ese lugar de memoria se complementa con otro homenaje, situado dentro del cementerio, en recuerdo de los fusilados en la saca. La cifra de asesinados en aquella “saca” varía según las fuentes, Manuel Ortiz certifica “más de 30 vecinos”, mientras que los tribunales militares franquistas elevan la cifra a 42. No obstante, ambos datos coinciden en que, tras la saca de Albacete, la de Villarrobledo fue la más numerosa de la provincia.

Fuera de la localidad, pero dentro del término municipal, se erigieron varios monolitos ubicados en cunetas y que recuerdan, seguramente en el lugar donde fueron asesinados, a otras víctimas villarrobletanas de la violencia republicana de aquel verano. Un ejemplo es la cruz que recuerda a Antonio Santos de la Torre, muerto el 1 de agosto de 1936.

 

Bibliografía

MORENO NAVA, L. Crónica de una barbarie: Villarrobledo, julio 1936-abril 1939. Villarrobledo: El Autor, D.L., 2003, pp. 13-32.

ORTIZ HERAS, M. Violencia, Conflictividad y Justicia en la Provincia de Albacete (1936-1950). (Tesis doctoral), Universidad de Castilla La Mancha, 1994, tomo 1, p. 148.

SÁNCHEZ MORENO, A. Violencia y primer franquismo en Villarrobledo (1930-1948). Albacete, [s.n], D.L., 2007, pp. 44-45.

 

Palabras clave

represión republicana, Villarrobledo, cárcel del ayuntamiento, saca de Villarrobledo, fosa común La Zanja, Pedro Acacio Sandoval, Augusto Sandoval de la Torre, Joaquín Acacio de la Peña, Antonio Santos de la Torre

 

 

Este documento ha sido generado el 25-09-2022 a partir de los contenidos elaborados por el Seminario de Estudios del Franquismo y la Transición y consultables en https://memoriadealbacete.victimasdeladictadura.es/