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El sector de la banca de Albacete concentraba una creciente cantidad de empleados desde finales de los años cincuenta como consecuencia de la instalación de centrales contables. Como consecuencia de esa creciente actividad, los trabajadores de banca, antes de “cuello blanco”, comenzaron a experimentar un creciente proceso de proletarización, que comenzó con la racionalización productiva de los servicios con labores rutinarias, parceladas y repetitivas. Esta “fordización” del trabajo fue en paralelo al empeoramiento de las condiciones laborales, con jornadas más largas y ritmos de trabajo más altos. Con ello, los empleados entendieron que existía una asimetría entre la cantidad de trabajo aportado a la empresa, los beneficios de esta, y el salario percibido. El creciente descontento generó un cierto movimiento en torno a organizaciones como Acción Católica para buscar mejoras laborales.

En las elecciones sindicales de 1966 los trabajadores controlaron la Sección Social del Sindicato de la Banca a través de los movimientos de apostolado, propiciando una acción sindical pensada para coordinarse con las principales oficinas bancarias de la provincia. Introducidos en el Sindicato Vertical, aprovecharon sus cauces para organizar asambleas, donde se elaboraban tablas reivindicativas y peticiones que eran entregadas a los empresarios. En 1970 los militantes católicos del sector en la provincia se unieron a la Interbancaria, comité nacional independiente creado para negociar los convecinos y para reclamar más derechos y libertades sindicales. Pese a que los trabajadores más activos del ámbito bancario albacetense no estaban comprometidos con reclamaciones democráticas, las estrechas estructuras verticales y la falta de una representación efectiva en las mismas propiciaron la búsqueda de unas relaciones de poder más equilibradas. Poco a poco las demandas económicas de origen sectorial se abrieron a otro tipo de reivindicaciones políticas que anhelaban el “tránsito a una sociedad menos egoísta, autoritaria e inmovilista”, como demandaron los empleados de Banesto en 1974. En ese mismo año tuvo lugar la huelga más importante de la banca, motivada por el escaso aumento salarial que no permitía mantener el poder adquisitivo de los trabajadores. El paro, de nivel nacional, fue secundado por más de seiscientos empleados de la provincia. Las reivindicaciones continuaron a lo largo del año, pero la posibilidad de otra huelga fue respondida con amenazas en forma de despidos y sanciones. Los empleados buscaron entonces otros repertorios de protesta, encontrándolos en lo simbólico: barbas sin afeitar, uso de zapatillas, brazaletes negros y pines que rezaban “Este banco me debe dinero” fueron algunas de las acciones más destacadas.

 

Bibliografía

MARTÍN GARCÍA, O. A tientas con la democracia. Movilización, actitudes y cambio en la provincia de Albacete, 1966-1977. Madrid, La Catarata, 2008, pp. 72-81.

MARTÍN GARCÍA, O. “Este banco me debe dinero: protesta, identidades y oportunidades en el sector de la banca albacetense en los años sesenta”, en Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, nº 5, 2016, pp. 135-148.

 

Palabras clave

Conflictividad laboral, Sindicato Vertical, Interbancaria, Banesto

 

Fotografías

Datos de localización

Calle Marqués de Molins, 13, 02001 Albacete, España

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