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Tras la caída de Cataluña en las primeras semanas de 1939, y el posterior derrumbamiento de la República, los españoles que decidieron huir tanto de la guerra, como de las represalias franquistas se contaron por cientos de miles. Buena parte de ellos abandonaron el país por tierra, en marchas tan peligrosas como interminables, y en dirección a la vecina Francia a través de los Pirineos. Una vez en Francia, y a pesar de su elevado número, encontraron finalmente refugio, aunque en durísimas condiciones por ser considerados como indeseables. Para acogerlos el gobierno francés habilitó diferentes campos de internamiento o de concentración, que han alcanzado una triste celebridad como el de Argelès-sur-Mer o Gurs, entre otros. La mayoría de estos lugares albergan hoy memoriales que recuerdan el sufrimiento de aquellos españoles.
Pocos meses después de terminar la guerra civil, los refugiados españoles se encontrarían frente a otro acontecimiento traumático: el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la invasión alemana de Francia, que quedó a merced del Tercer Reich ya en la primavera de 1940. Una parte de aquellos españoles decidió seguir combatiendo al nazismo. Lo habían hecho ya en España, y se enrolaron en unidades de combate del ejército francés para continuar la lucha. Miles de ellos fueron capturados por los alemanes y enviados a campos de exterminio. Se sabe que 9.328 españoles acabaron en campos de exterminio, y que la mayoría, 7.532 fueron enviados al de Mauthausen (Austria). Solo sobrevivieron 2.716. De esos más de siete mil deportados, casi ochocientos eran originarios de las provincias castellano-manchegas, y al menos 149 procedían de la provincia de Albacete. Quinientos dieciséis de ellos murieron, entre ellos 94 albaceteños.

¿Por qué fueron enviados a Mauthausen? En un principio, los españoles apresados tenían la condición de prisioneros de guerra, siendo internados en los Stalag, campos amparados bajo los tratados internacionales. Posteriormente, y coincidiendo con la visita de Ramón Serrano Suñer, ministro franquista de Asuntos Exteriores, en Alemania, la GESTAPO emitió la circular del 25 de septiembre de 1940, por la que todos los españoles y brigadistas que tomaron las armas en favor de la II República perderían la condición de prisioneros de guerra para poder ser llevados a los campos de concentración. El Gobierno de Franco se mostró indiferente ante el confinamiento de españoles en estos campos, para el dictador español “no hay españoles fuera de España”, lo que supone un apoyo tácito a cualquier decisión que tomasen los nazis respecto a aquellos republicanos. Los españoles muertos en Mauthausen, y en otros campos nazis, son por tanto también víctimas de la dictadura.

La gran cantidad de exiliados republicanos deportados a Mauthausen hizo que se conociera como “el campo de los españoles”. La cifra aproximada de más de siete mil compatriotas internos, entre hombres, mujeres y niños, da muestras de la magnitud de su presencia. De todos es sabido que los nazis adoptaron la costumbre de catalogar a sus prisioneros con algún tipo de simbología. En el caso de los españoles les hubiera debido corresponder el triángulo rojo de prisioneros políticos. Sin embargo, se les asignó un triángulo azul bordado en la camisa, por ser el color de los apátridas; el triángulo llevaba a su vez una S, que indicaba la procedencia, en este caso spanier. Eran apátridas españoles.

El 5 de mayo de 1945 Mauthausen, con sus supervivientes, fue liberado por las tropas norteamericanas. El fotógrafo Francisco Boix inmortalizó el momento de la entrada de las tropas aliadas. También fue el propio Boix quien, a partir de 1943, robó más de 20.000 archivos fotográficos de las SS del campo de concentración. Las imágenes fueron publicadas en 1945 a través de la prensa del Partido Comunista Francés. En ellas se identificaban a los autores nazis que cometieron crímenes de lesa humanidad, motivo por el cual Boix fue llamado a declarar ante el Tribunal de Nuremberg en calidad de testigo, aportando pruebas irrefutables contra los dirigentes nazis.

Las víctimas españolas del campo de concentración de Mauthausen no fueron reconocidas por el Gobierno español de manera oficial hasta 1978. En dicho año, una delegación de la Casa Real colocó una placa en la que se puede leer “España a sus hijos caídos en Mauthausen. 2 de febrero de 1978”. Otro memorial se encuentra en la zona “Parque de los Monumentos”, donde diversas naciones honraron a sus víctimas. Este monumento fue gestionado por el Gobierno francés; las autoridades franquistas nunca reconocieron a las víctimas republicanas asesinadas allí.

A nivel local, numerosos memoriales en la provincia de Albacete recogen los nombres de los fallecidos. En “El Cubo” de Villarrobledo y en el memorial del cementerio de Almansa se encuentran inscritos los vecinos que murieron tras su deportación. Por otra parte, en el Cementerio Municipal Virgen de los Llanos en la ciudad de Albacete se haya un monolito de piedra que eleva una placa de cerámica con la siguiente leyenda: “A la memoria de los 94 albaceteños muertos en los campos de concentración nazis. 1940-1945”. La placa también contiene dos manos traspasando un alambre de espino para acariciar el sol y una paloma, símbolos de la libertad.

 

Bibliografía

BERMEJO, B. Francisco Boix, el fotógrafo de Mauthausen. Barcelona, RBA, 2002.

BERMEJO, B. y CHECA, S. Libro memorial: españoles deportados a los campos nazis (1940-1945). Madrid, Ministerio de Cultura, 2006.

DELGADO BEDMAR, J. D. “Castellano-manchegos en Mauthausen”, en Añil. Cuadernos de Castilla-La Mancha, Biblioteca virtual de Castilla-La Mancha, nº23, 2001, pp.19-20.

 

Palabras clave

Represaliados, exiliados, campos de concentración, Mauthausen, homenajes, víctimas republicanas, segunda guerra mundial

 

Fotografías

Datos de localización

Erinnerungsstraße 1, 4310 Mauthausen, Austria

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