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Para los españoles la guerra civil siempre ha tenido un carácter interno, pero este conflicto debe considerarse también por su dimensión internacional, la solidaridad y la movilización que despertó en otros países. Pese a la política de no intervención promovida por las democracias europeas lideradas por Francia y Gran Bretaña, la Alemania nazi, la Italia fascista y el Portugal de Salazar decidieron ayudar a los sublevados. La República, un régimen democrático y legítimo quedó sin aliados externos. La Unión Soviética en un primer momento declaró que no apoyaría a la República, pero posteriormente Stalin decidió intervenir tras comprobar que Alemania e Italia apoyaban a los sublevados. La URSS tenía interés en sostener a la República para mostrarse como un aliado fiable ante británicos y franceses frente a una Alemania a la que deseaba mantener alejada de sus propias fronteras.

A la ayuda militar directa prestada por la URSS, hay que unir la llegada de voluntarios extranjeros de 54 nacionalidades diferentes, que quedaron encuadrados en unidades militares conocidas como Brigadas Internacionales. Los voluntarios llegaban a España por dos vías principales: con el apoyo al alistamiento de la Komintern o Internacional Comunista, o de manera individual a través de organismos o comités de ayuda a España.
Los voluntarios de las Brigadas Internacionales provenían tanto de dictaduras y regímenes fascistas –Alemania, Polonia o Italia-, como de democracias -Estados Unidos, Gran Bretaña o Francia-. Las cifras de brigadistas varían según las fuentes, pero estudios recientes señalan que no superaron los 36.000 efectivos. Albacete entera fue testigo de su paso, en solidaridad con la lucha que libraba España contra el fascismo internacional, lo que le valió ser adjetivada como la “Babel de La Mancha”. Los voluntarios no obtenían ninguna prima, ni firmaban contratos, ni conocían el tiempo de su estancia en España, si bien recibían sueldo diario de 10 pesetas, idéntico al de los milicianos españoles.

La principal base de los brigadistas se instaló en la ciudad de Albacete y el aeródromo Los Llanos, pero existieron otros emplazamientos en diferentes localidades de la provincia como La Roda, Tarazona de la Mancha y Madrigueras. La elección de Albacete se debió a su situación lejana de los frentes, de los grandes centros urbanos y, al mismo tiempo, con buenas comunicaciones. La ciudad dejó de ser la sede principal de las Brigadas a comienzos de abril de 1938 ante el avance de las tropas franquistas. De Albacete se trasladó a Barcelona.

Durante los primeros meses del reclutamiento se organizaron cinco Brigadas, numeradas de la XI a la XV, posteriormente fueron aumentando. Las brigadas XI y XII tuvieron un papel decisivo en la defensa republicana de Madrid en noviembre de 1936. Destacó también el Batallón Lincoln, formado por norteamericanos, que entraron en combate en febrero de 1937 en la batalla del Jarama. Su comandante fue Robert Hale Merriman, herido en la batalla de Belchite y fallecido posteriormente. Ernest Hemingway se inspiró en él para escribir Por quién doblan las campanas. Las bajas entre los brigadistas fueron bastante elevadas, calculándose un porcentaje aproximado del 30-40%. Esto se debió a que fueron configuradas como fuerzas de choque, llamadas de todos los frentes con urgencia cuando estos se derrumbaban, y a la superioridad de la artillería franquista.

El 21 de septiembre de 1938 el presidente del Gobierno español, Juan Negrín, anunció a la Sociedad de Naciones la retirada de las Brigadas Internacionales del país, en un gesto de apaciguamiento que buscaba la imitación por el bando franquista, pero que evidenciaba la debilidad militar republicana. En la base de Albacete tuvo lugar una despedida oficial con la participación del Estado Mayor del ejército republicano, encabezado por Negrín, y ante la presencia de André Marty.

La huella que dejaron las Brigadas Internacionales es todavía visible en Albacete a través de edificios que todavía sobreviven de aquella época y un puñado de lugares que, a duras penas, recuerdan y preservan la memoria de aquellos voluntarios. Uno de ellos es el Monumento a las Brigadas Internacionales, inaugurado en noviembre de 1996 y ubicado en la Plaza de la Universidad, en pleno Campus de Albacete; alberga la siguiente inscripción: «A los voluntarios de la libertad. Albacete. 1936-1996. El pueblo de Castilla-La Mancha». No fue el primero que se levantó, pues hubo otro en el actual parque Abelardo Sánchez y que la dictadura hizo desaparecer.

También en Albacete desarrolla importantes tareas de investigación, documentación y divulgación el Centro de Estudios y Documentación de las Brigadas Internacionales (CEDOBI) que recientemente ha publicado una ruta histórica de las Brigadas Internacionales en Albacete accesible a través de la web del CEDOBI y descargable para dispositivos móviles como app. En ella se pueden identificar los rincones de la ciudad albaceteña utilizados por las Brigadas, algunos de ellos conservados, otros rehabilitados, y la mayoría desaparecidos. Los primeros lugares que utilizaron fueron públicos, como la Plaza de Toros o el Recinto Ferial. Posteriormente ocuparían fincas, almacenes y casonas como Pozo Rubio o el Torcío (desaparecido), que serviría de hospital.

 

Bibliografía

Julián Casanova, «Europa contra Europa, 1914-1945«. Barcelona; Crítica, 2012.

Jaume Claret, «Breve historia de las Brigadas Internacionales«. Madrid: Catarata, 2016.

Matilde Eiroa San Francisco, “Brigadas internacionales. La solidaridad de la izquierda” en Ángel Viñas, En el combate por la historia. La República, la guerra civil, el franquismo. Pasado y Presente, 2012.

Antonio Selva Iniesta, «Ruta histórica de las Brigadas Internacionales en Albacete«. Albacete: Centro de Estudios y Documentación de las Brigadas Internacionales, 2018.

 

Palabras clave

Albacete, guerra civil, Brigadas Internacionales, La Roda, Tarazona de la Mancha, Madrigueras, CEDOBI, Komintern, Unión Soviética, Batallón Lincoln.

 

Fotografías

Datos de localización

Edif. Melchor De Macanaz, 02006 Albacete, España

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